Estar ante Dios no te aparta del mundo cuando llevas el mundo contigo.
En Fátima, la adoración enseñada a los niños está unida a ofrecer, reparar y pedir por otros. No aparece como un refugio para olvidarse de los problemas humanos, sino como una forma de presentarlos ante Dios.
La oración se vuelve estrecha cuando solo gira alrededor de tus urgencias.
Abrirla a quienes sufren, a la Iglesia y a personas concretas ensancha el corazón. Quizá no puedas resolver su situación, pero puedes negarte a que te resulte indiferente. Interceder no reemplaza la ayuda que está en tus manos. La prepara y la acompaña. Sales de la adoración con nombres dentro, más disponible para reconocer qué puedes hacer por ellos.
Idea clave
La adoración te acerca a Dios y puede hacerte más responsable de los demás.
Tu reto para esta idea
Escribe tres nombres antes de rezar hoy y dedica un minuto concreto a cada persona.