Cuidar de alguien con depresión pide fuerzas que también hay que cuidar.
Cuando alguien de tu familia o un amigo íntimo está deprimido, tu vida también cambia. Estás pendiente, te preocupas, tienes paciencia un día y otro. Y a veces aparecen el agotamiento, la impotencia o incluso el enfado, y luego la culpa por sentirlos.
Es normal. Querer a alguien no te da el poder de curarle, y su mejoría no depende solo de ti. Tú pones tu cariño y tu presencia; el tratamiento, los profesionales y el tiempo hacen su parte.
Para acompañar mucho tiempo necesitas descansar, hablar con alguien de lo que vives y repartir la carga con otros. No es egoísmo: es la manera de no romperte por el camino. Y a Dios puedes llevarle también tu cansancio, no solo el sufrimiento del otro.
Idea clave
Para acompañar a quien sufre, también necesitas cuidarte y dejar que te ayuden.
Tu reto para esta idea
Si cuidas de alguien que está mal, pide hoy a otra persona que te releve en algo concreto.