Por el bautismo, ya tienes un papel en esto.
Es fácil pensar que lo de acercar a otros a Dios es cosa de sacerdotes o de gente muy religiosa, y que el resto solo asiste. No es así. Por el bautismo, todo cristiano participa a su modo del sacerdocio de Cristo: está llamado a poner a Dios y a los demás en relación.
Eso no se hace con grandes discursos, sino con la vida: la amistad sincera, el ejemplo, una palabra a tiempo, rezar por los tuyos. Un padre, una amiga, un compañero de trabajo pueden acercar a Dios sin dejar de ser lo que son.
Y no es un añadido opcional: forma parte de tu vocación de bautizado, tan de verdad como la del sacerdote a su manera. Una misión pequeña y concreta, justo donde estás, con la gente que tienes al lado.
Idea clave
Todo bautizado está llamado a acercar a Dios a los demás desde su vida.
Tu reto para esta idea
Piensa en una persona cercana. Haz hoy algo concreto para acercarla un poco a Dios: rezar por ella, escucharla, invitarla.