No siempre sabes distinguir qué es de Dios y qué son tus ganas o tus miedos.
Tienes una inquietud que no se va: un deseo de cambiar algo, una idea que vuelve, una pregunta sobre lo que Dios quiere de ti. Y no sabes bien qué es. ¿Es Dios? ¿Son tus ganas? ¿Es miedo?
Querer aclararlo solo es normal, pero cuesta. Uno no se ve bien a sí mismo, igual que no se ve la propia espalda. Por eso ayuda tanto hablarlo con alguien de confianza que conozca a Dios y te conozca a ti.
Pedir consejo no te quita libertad. La decisión sigue siendo tuya, pero llegas a ella con más luz. Muchas veces, al contarlo en voz alta, tú mismo empiezas a entenderlo.
Idea clave
Hablar con alguien de confianza te ayuda a reconocer lo que Dios te dice.
Tu reto para esta idea
Cuéntale hoy a una persona de confianza una inquietud que no sabes interpretar.