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Egipto, milagros eucarísticos

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En este artículo

S. María Egipcia, IV-V sec.

Este Milagro Eucarístico está ligado a la figura de Santa María Egipcia, que vivió en el desierto por 47 años. Las noticias acerca de su vida fueron escritas por el Obispo de Jerusalén, Sofronio, en el siglo VII dC. Santa María Egipcia caminó sobre el río Jordán para podc alcanzar la orilla opuesta donde le esperaba el Monje Zósimo con la Eucaristía. Sabemos que Santa María Egipcia, a la edad de 12 años, abandonó a sus padres para ir a Alejandría.

Imagen del milagro eucarístico

Allí vivió una vida disoluta durante 17 años, hasta que un día vio que una nave zarpaba con un equipaje inusual. Preguntó quiénes eran y a dónde se dirigían. Le respondieron que eran peregrinos que iban a Jerusalén para la fiesta de la Exaltación de la Cruz. Ella también se embarcó. Llegados al destino; siendo el día de la ceremonia, se encontró ante las puertas del templo, pero no podía entrar porque sintió que una fuerza misteriosa se lo impedía. Llena de temor, alzó los ojos hacia una imagen de la Santa Virgen.

En ese momento, sintió un gran arrepentimiento por la vida de pecado que había llevado; sólo entonces, pudo entrar en la iglesia para adorar el sagrado leño de la Cruz. Sin embargo, no permaneció allí por mucho tiempo. "Si tú pasas el Jordán, encontrarás paz", le había dicho la Virgen. Al día siguiente, luego de la confesión y la comunión, María Egipcia pasó el río, donde se extendía el desierto de Arabia. Entonces vivió por 47 años en el desierto, en total soledad, sin encontrar ni hombres ni animales.

Sus carnes se habían secado, los cabellos eran blanquísimos y largos; pero según la promesa de la Virgen, había encontrado en el desierto inhóspito la paz para su alma. Un día encontró al monje Zósimo a quien pidió que regresara luego de un año con los Sacramentos. Cumplido el tiempo, Zósimo llevó la prometida Eucaristía a las orillas del Jordán. Viendo que la mujer se retrasaba, Zósimo elevó con gran dolor los ojos al cielo y rezó:

Señor, mi Dios, rey y creador de todo, no me defraudes en mi desierto, sino mas bien, concédeme que yo pueda ver aún esta santísima sierva tuya.

Luego, dijo entre sí: "¿qué haré si ella viene ahora, ya que no hay ninguna embarcación para atravesar el río? Pobre de mí, viviré la desilusión en este desierto". Mientras pensaba así, apareció María en la otra parte del río. Zósimo se alegró inmensamente y alabó a Dios. De pronto, vio que la mujer hacía el signo de la cruz sobre el agua del río y luego caminaba sobre él como si fuera tierra firme. Pasaron otros 12 meses y Zósimo partió nuevamente hacia el desierto; pero esta vez encontró sólo el cadáver resecado de la Santa penitente. Un león lo ayudó con sus garras a cavar la fosa para sepultar los restos.

Scete, III-V sec.

En los Dichos y hechos de los Padres del Desierto, encontramos la descripción de un antiquísimo Milagro Eucarístico. Cuenta el padre Daniel el Faranita que "nuestro Padre Arsenio nos decía que un monje de Scete, que era muy laborioso pero poco cultivado en lo concerniente a la fe, decía por ignorancia: "el pan que comemos no es realmente el Cuerpo de Cristo, sino sólo un símbolo". Dos ancianos oyeron esta afirmación y sabiendo que era un hombre piadoso y bueno, pensaron que hablaba sin culpa y por ignorancia. Decidieron ir a su encuentro y le dijeron: "padre, hemos escuchado que hay uno que dice una tesis contraria a la fe: "el pan que recibimos no sería realmente el Cuerpo de Cristo, sino sólo un símbolo". Dijo el anciano: isoy yo que lo digo!

Imagen del milagro eucarístico

Entonces, comenzaron a exhortarlo: tú no debes creer en eso, sino en aquello que nos ha enseñado la Iglesia Católica. Nosotros creemos que este pan es el Cuerpo de Cristo y este cáliz es la Sangre de Cristo, es una realidad y no un símbolo.

[... ] Pero el anciano respondió: "si no sucede algo que me convenza, no creeré". Los dos padres le dijeron: "rezaremos esta semana a Dios sobre este misterio, y creemos que Dios nos lo revelará

Cuando llegó el día domingo, fueron todos a la iglesia y se ubicaron lejos del resto; el viejo estaba en medio de los otros dos monjes, sobre una grada. Entonces, sus ojos se abrieron: en el momento en el que fue depositado el pan del sacrificio, sólo ellos tres pudieron ver que en vez del pan aparecía un niño. Cuando el sacerdote estaba por partir el pan, bajó del cielo un ángel del Señor que con una espada inmoló al niño y vertió su sangre en el cáliz. Cuando finalmente el sacerdote fraccionó el pan en pequeños pedazos, también el ángel partió al niño en pequeños pedazos. Luego, los viejo se le ofreció carne empapada de sangre. Ante esta visión, sobrecogido de terror, gritó: '!creo, oh, Señor que el pan es tu Cuerpo y el cáliz es tu Sangre!

Inmediatamente la carne tomó apariencia de pan, según el misterio, y así pudo comulgar dando gracias a Dios".

Fuente

Texto y fotografías: exposición internacional «Los Milagros Eucarísticos en el mundo», de san Carlo Acutis. Ficha original en miracolieucaristici.org.

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