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Corazón

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En este artículo

A. Enfermedades del corazón

1. El odio

- Nuestro corazón ha sido creado para amar a Dios y a los demás. Cuando buscamos el bien del prójimo somos felices. En cambio, quien odia no perjudica al otro sino a su propio corazón.

2. El materialismo

- Este modo de pensar sólo tiene en cuenta los bienes materiales, y a ellos limita la capacidad de amar de su corazón. (Ver pobreza). En algunos casos sólo se desea dinero para sí y para los demás, que se ven entonces poco queridos.

3. El egoísmo

- El egoísta sólo se ama a sí mismo. Y por tanto se ama equivocadamente, porque estropea y empequeñece su corazón que ha sido creado para amar a muchos. Muy ligados al egoísmo están:
  • El orgullo, que añade insensibilidad y desprecio a los demás, con dificultad para corregirse.
  • La tibieza.- Situación de quien desea amar sin esfuerzos, anteponiendo su comodidad al bien de los otros. No odia, pero tampoco ama.
  • El sexo desordenado.- Cuando el sexo se entiende como entrega mutua para dar origen a una nueva vida a la que amar, el corazón se engrandece. En cambio, cuando el sexo se usa buscando el propio placer, el egoísmo aumenta y estropea el corazón. (También se daña la inteligencia, atrapada por esos pensamientos).
  • El descontrol afectivo.- Dejarse llevar por las apetencias afectivas es otro modo de egoísmo. El corazón mejor es afectuoso, pero sabe cuándo, con quién y cómo manifestarse. La persona de corazón noble no busca el gusto personal, sino el servicio y bien de los demás.
  • Los placeres excesivos y la abundancia de comodidades alimentan el egoísmo y frenan la capacidad de sacrificarse por amor.

B. Acciones que mejoran el corazón

4. ¿El amor a Dios mejora el corazón?

El corazón mejora en la medida en que ama el bien. Se engrandece más cuanto mayor sea el bien amado y a más personas se lo desee. Como Dios es el Bien infinito, quien más le ama posee un corazón más noble. Para que el amor a Dios crezca se suele recomendar:
  • La meditación de los sufrimientos de Cristo.- Al considerar lo que Él padeció por nosotros, se palpa lo mucho que nos ama, y el corazón se dirige más fácilmente al amor de Dios, sin miedo al esfuerzo.
  • La piedad.- Fomentar el trato piadoso de hijos pequeños con Dios aproxima rápidamente el corazón al Señor y lo previene frente al orgullo. Igualmente el trato confiado y filial con Santa María hace gran bien a nuestro corazón.

5. ¿El amor propio no es egoísmo?

Sólo si es excesivo o descaminado. Por ejemplo, una vida muy cómoda es perjudicial a uno mismo. El verdadero amor propio busca:
  • El ejercicio de las virtudes.- La adquisición de hábitos buenos es un gran beneficio personal, aunque cueste realizarlos. En concreto, la caridad y humildad, la castidad y desprendimiento contrarrestan directamente las enfermedades que hemos comentado.
  • Los sacrificios o mortificaciones.- Cualquier cosa que limite el exceso de comodidad y bienestar aligera el corazón de capas egoístas, y lo hace capaz de afrontar el esfuerzo necesario para hacer el bien a los demás. Así, curiosamente, los sufrimientos bien llevados mejoran el corazón humano.

6. ¿Cómo ejercitar el amor a los demás?

Algunos ejemplos que pueden practicarse son: el servicio, la comprensión, el respeto, la corrección amable, y sobre todo el apostolado donde uno se interesa por el alma de quienes le rodean.

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