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Relaciones

Visita al que nadie visita

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Hay gente que no necesita que le des nada: necesita que aparezcas.

Entre las obras de misericordia hay varias que no consisten en dar cosas, sino en ir: visitar a los enfermos, a los presos, acompañar al que se quedó solo. Se nos da mejor lo otro —un donativo, un "avísame si necesitas algo"— porque se hace desde lejos. Presentarse cuesta más: pide tiempo, y no hay nada más tuyo que tu tiempo. Un abuelo en una residencia, un amigo hospitalizado, una vecina que enviudó. No esperan discursos ni regalos; el milagro es que alguien cruce la puerta. Una visita dice lo que ningún mensaje: sigues existiendo para mí. Y tiene truco a favor: casi nadie va. No hace falta ser especial para ser, en la semana de alguien, la única cara nueva que entró por esa puerta.

Idea clave

La presencia es la limosna que más cuesta y la que más llega.

Tu reto para esta idea

Piensa en alguien enfermo, mayor o solo, y ponle día y hora a una visita esta semana.

BASADO EN

Rosario de la misericordia →