Sí: no estás aquí sin sentido.
Si tu vida viene de Dios, no es una sucesión absurda de momentos. Tiene origen, camino y destino.
Esto no significa que todo esté claro desde el principio. Significa que puedes vivir con dirección, preguntando qué bien estás llamado a hacer y hacia dónde caminas.
Preguntarte para qué vives no es perder el tiempo. Es revisar si tu agenda, tus relaciones y tus hábitos están sirviendo aquello que de verdad consideras valioso.
Idea clave
Tu vida tiene destino.
Tu reto para esta idea
Piensa hoy hacia dónde vas. Elige una acción que te acerque a ese destino bueno.