Lo que haces cada día puedes ponerlo sobre el altar.
Se puede vivir la Misa como algo aparte, desconectado de la semana. Pero hay un puente: en la Eucaristía puedes ofrecer tu trabajo, tus cansancios y tus pequeños sacrificios, unidos a Cristo que se ofrece al Padre.
Eso da un valor nuevo a lo de siempre. El informe difícil, la paciencia con alguien, las horas de estudio, el cuidado de los tuyos: nada de eso se pierde. Puesto en la Misa, adquiere un peso que no se ve, pero es real.
No tienes que hacer cosas extraordinarias. Basta llegar a Misa diciendo: «Señor, te traigo esto», y llevar tu semana entera hasta el altar.
Idea clave
Puedes ofrecer tu trabajo diario unido a Cristo en la Eucaristía.
Tu reto para esta idea
La próxima vez que vayas a Misa, lleva mentalmente una tarea concreta de tu semana y ofrécela al empezar.