Pedirle a una persona que te complete del todo es poner sobre ella un peso imposible.
El deseo humano de amar y ser amado parece no tener medida, pero cada persona es limitada.
Incluso un matrimonio bueno atraviesa cansancio, errores y momentos en los que el otro no puede darte todo lo que esperabas. Cuando conviertes a tu pareja en fuente total de identidad, paz y sentido, el amor se vuelve exigencia.
Cualquier límite parece traición.
Amar a Dios por encima de todo no reduce el amor humano: le quita una carga que nunca pudo sostener. Tu pareja está llamada a acompañarte, no a ocupar el lugar de Dios. Desde ahí puedes quererla como persona real, agradecer lo que da y dejar de castigarla por no ser infinita.
Idea clave
Solo Dios responde al deseo infinito; una pareja puede ser amada sin exigirle que te salve.
Tu reto para esta idea
Detecta una expectativa imposible que has puesto sobre alguien y conviértela en una petición humana y concreta.