El trabajo no es un castigo: estaba en el plan desde el principio.
Solemos vivir el trabajo como una condena o un mal necesario para pagar facturas. Pero, según el Génesis, trabajar estaba ya antes de que entrara el mal en el mundo. No es fruto del castigo: es parte de cómo fuimos pensados.
Visto así, cuando trabajas bien no solo te ganas el pan: colaboras con Dios en sacar adelante el mundo y sirves a los demás. Tu tarea, por pequeña que parezca, entra en algo mucho más grande.
Eso no quita el cansancio, pero cambia el fondo. No estás perdiendo el tiempo hasta que llegue el finde: estás poniendo tu parte en una obra que te supera.
Idea clave
Tu trabajo, hecho con sentido, es colaborar con Dios y servir a otros.
Tu reto para esta idea
Antes de una tarea de hoy, dile a Dios que la haces con Él y para servir a alguien concreto. Luego hazla bien.