A veces se permite un mal menor para cuidar un bien mayor.
La tolerancia bien entendida no dice que todo dé igual. Reconoce que, en algunas situaciones, corregirlo todo al instante puede ser contraproducente o injusto.
Esto pide prudencia: saber cuándo hablar, cuándo esperar y cuándo poner un límite claro. La meta no es quedar cómodo, sino ayudar al bien real de la persona y del ambiente.
Una relación sana se cuida. Necesita fidelidad, respeto, paciencia y verdad dicha de buen modo. Cuando algo de eso falta, quizá por fuera todo sigue parecido, pero por dentro la confianza empieza a gastarse.
Idea clave
La tolerancia necesita verdad y prudencia para no volverse indiferencia.
Tu reto para esta idea
Piensa si hoy debes corregir algo, esperar mejor momento o poner un límite.