La vida cristiana no está terminada de una vez.
A veces te impacientas contigo porque sigues teniendo defectos. También con los demás, porque no cambian al ritmo que te gustaría.
Pero la vida cristiana es una construcción. Dios trabaja con materiales reales: carácter, historia, heridas, dones, caídas y deseos sinceros de empezar otra vez. Tener paciencia no es conformarse con cualquier cosa. Es permitir que la gracia actúe con profundidad, sin exigir acabados perfectos antes de tiempo.
Idea clave
Dios trabaja en vidas imperfectas con paciencia y esperanza.
Tu reto para esta idea
Sé paciente hoy con un defecto propio o ajeno sin dejar de dar el paso bueno que toca.