Hay soledades que se curan con un gesto de cercanía.
En todos los sitios hay alguien a quien casi nadie se acerca: el compañero raro, el anciano que vive solo, el enfermo que incomoda, el que tiene mala fama. No se le maltrata; simplemente, se le evita.
No siempre puedes resolver su problema. Pero puedes acercarte, saludar, darle la mano, sentarte a su lado. Para quien lleva tiempo sin que nadie le mire, eso no es poco: es volver a sentirse persona.
La caridad no empieza por grandes proyectos. Muchas veces empieza por cruzar la sala hacia quien está solo.
Idea clave
Acercarte a quien todos evitan puede curar una soledad que no se ve.
Tu reto para esta idea
Acércate hoy a alguien a quien casi nadie se acerca: salúdale, siéntate a su lado o pregúntale cómo está.