Dios no solo consuela: ha querido recibir tu compañía y tu cariño.
Es natural acudir a Dios como fuente de paz, ayuda y perdón. Menos habitual es pensar que Jesús, verdadero hombre, también quiso recibir amistad: descansó en Betania, aceptó la cercanía de Juan y encontró compañía fiel junto a la cruz.
Tu oración no aporta a Dios algo que le falte, pero puede responder a su deseo libre de amistad. Estar con Él, agradecer, acompañar el sagrario o cuidar con cariño lo que le importa deja de ser únicamente búsqueda de consuelo personal.
Esta mirada cambia la pregunta. En vez de medir siempre «qué he sacado de la oración», puedes preguntar «¿cómo he querido hoy a Dios?». Incluso una presencia pobre y distraída, ofrecida con fidelidad, puede ser una respuesta real de amistad.
Idea clave
La amistad con Dios permite no solo recibir su consuelo, sino responder con compañía y cariño.
Tu reto para esta idea
Dedica hoy diez minutos a estar con Dios sin pedir nada: agradécele, hazle compañía y habla de lo que sabes que le importa.