«Recuerda que eres polvo» no es una amenaza: es una brújula.
El Miércoles de Ceniza te dibujan una cruz en la frente con estas palabras: «recuerda que eres polvo». Suena duro, pero no es para deprimirte. Es para ordenarte: acordarte de que un día te irás y de que no todo lo que persigues vendrá contigo.
Porque al final no te llevas el saldo de la cuenta ni los aplausos. Te llevas lo que hiciste por amor: a Dios y a los demás. Lo demás se queda aquí. Verlo claro cambia en qué gastas hoy tu tiempo y tus fuerzas.
No es vivir pensando en la muerte con angustia; es vivir sin engañarte. Cuando sabes qué se queda y qué se va, dejas de agarrarte a lo que no dura y empiezas a poner tu vida en lo que sí.
Idea clave
Al final solo te llevas lo que hiciste por amor; el resto se queda aquí.
Tu reto para esta idea
Mira en qué se te va hoy la energía y dedica un trozo a algo que sí «te llevarías»: querer a alguien, ayudar, rezar.