Para muchos padres creyentes es una noticia que alegra y asusta a la vez.
Un día tu hijo o tu hija te dice que siente que Dios le pide entregarle la vida: el sacerdocio, la vida consagrada, el celibato en medio del mundo. Aunque seas creyente, es normal que te remueva: miedo a que se equivoque, pena por los planes que tenías para él, preguntas sobre su futuro.
Los padres pueden y deben dar su opinión, sus consejos, lo que ven. Pero después toca retirarse con delicadeza para que nada estorbe su libertad. Dios quiere que se le ame y se le sirva libremente, y respeta las decisiones de cada uno.
Desde fuera, muchas entregas parecen una pérdida: una carrera prometedora que se deja, unos planes que cambian. Desde dentro, suelen ser el fruto de lo que esos mismos padres sembraron: generosidad, fe, capacidad de amar.
Idea clave
Ante la vocación de un hijo, los padres aconsejan y luego respetan su libertad.
Tu reto para esta idea
Si tienes hijos, reza hoy para que sepan descubrir y seguir lo que Dios quiera para ellos, sea lo que sea.