Rezar por un amigo no sustituye escucharle, celebrar su cumpleaños ni aparecer cuando te necesita.
Se puede espiritualizar tanto una amistad que se habla mucho de Dios y poco de la vida. Y se puede hacer lo contrario: quedarse en lo humano sin dejar que Cristo ensanche esa amistad.
La fe une las dos cosas. Te mueve a rezar por tu amigo y a mandarle el mensaje; a desear que sea santo y a interesarte por su trabajo, su cansancio y sus pequeñas alegrías. Lo eterno pasa por los gestos de siempre.
Rezar por alguien puede darte luz para pedirle perdón, acompañarle mejor o respetar su ritmo. Pero no te ahorra estar. La amistad cristiana no flota por encima de lo humano: lo cuida y lo hace más grande.
Idea clave
La amistad cristiana reza por el amigo y también está a su lado.
Tu reto para esta idea
Reza hoy por una necesidad concreta de un amigo y haz después un gesto humano relacionado con ella: preguntar, ayudar o acompañar.