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Fe

Rezar no es rellenar todos los silencios

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Una conversación profunda también sabe quedarse sin palabras.

Con alguien a quien conoces mucho, una mirada puede decir lo que una explicación estropearía. En la oración pasa algo parecido: llega un momento en que no hace falta seguir diciendo frases. El silencio al rezar puede incomodar, porque parece que no estás haciendo nada. Entonces buscas otra lectura, otra petición o alguna emoción que confirme que el rato está funcionando. Pero estar presente también es hacer algo. Callar ante Dios no es dejar la mente en blanco a la fuerza: es mirarle, reconocer una verdad sencilla y dejar que el corazón se calme. Las palabras volverán cuando hagan falta.

Idea clave

El silencio compartido con Dios puede ser una forma real y profunda de oración.

Tu reto para esta idea

Después de tu oración habitual, quédate hoy dos minutos sin añadir palabras ni buscar sensaciones.

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