Si Dios lo sabe todo y tiene un plan, ¿para qué pedirle nada?
Es una objeción razonable: si Dios ya conoce lo que necesitas antes de que lo digas, rezar pidiendo parece inútil. Pero pedir no es informar a Dios de algo que ignora. Es otra cosa.
Rezar no cambia a Dios; te cambia a ti. Al pedir, reconoces que no te bastas solo, abres las manos, te pones en su presencia. Un padre bueno sabe lo que su hijo necesita y, aun así, quiere que se lo pida: no por información, sino porque en ese pedir hay confianza, relación, cariño.
Y no siempre te da lo que pides tal cual; a veces da algo mejor, o la fuerza para llevarlo. Pedir no es echar una moneda a una máquina: es hablar con Alguien que te quiere y sabe más que tú.
Idea clave
Pedir a Dios no le informa a Él: te abre a ti a confiar y a recibir.
Tu reto para esta idea
Pídele hoy algo concreto a Dios, sabiendo que no le informas de nada: te estás fiando de Él.