Puedes cambiar lo que haces y seguir mirando la vida con los mismos ojos.
San Pablo pedía a los cristianos de Roma: «Transformaos por la renovación de la mente». Porque se pueden cambiar algunas conductas y seguir valorando las cosas igual que antes: ver el servicio como una pérdida, el perdón como debilidad o el éxito como prueba de ser más que otros. Así, el bien siempre se vive cuesta arriba.
El Evangelio, la oración y el ejemplo de gente buena enseñan a mirar distinto: la grandeza como entrega, la libertad como capacidad de amar, la autoridad como servicio. Lo que pasa fuera es lo mismo; cambia lo que ves en ello.
Eso no ocurre con una frase suelta. Hace falta volver sobre esas verdades, contrastarlas con la vida y actuar desde ellas, hasta que esa nueva manera de mirar empiece a ser tuya.
Idea clave
Convertirse también es aprender a mirar las cosas como las mira el Evangelio.
Tu reto para esta idea
Piensa en qué llamas «éxito» y pregúntate si Jesús lo llamaría igual.