Lo que miras cada día también educa tu forma de sentir.
Ver continuamente vidas filtradas puede hacerte pensar que la tuya va tarde, vale menos o no es suficiente. La comparación constante acaba quitando paz.
La templanza también consiste en cuidar lo que entra por los ojos. No todo lo que puedes consumir te ayuda a vivir con más verdad.
La concentración crece con decisiones pequeñas y visibles. No hace falta odiar las pantallas, sino impedir que decidan automáticamente qué merece tu atención.
Idea clave
No todo lo que ves es real, pero sí puede afectarte.
Tu reto para esta idea
Reduce hoy el uso de redes a la mitad. Observa cómo cambia tu ánimo.