Preguntas mucho quién es Dios. ¿Te has preguntado quién eres tú para Él?
Solemos plantear la pregunta en una dirección: ¿quién es Jesús para mí?, ¿existe Dios?, ¿qué pinta la fe en mi vida? Son buenas preguntas. Pero hay otra, menos habitual, que le da la vuelta a todo: ¿quién soy yo para Jesús?
No es un juego de palabras. Cambia el foco: de examinar a Dios a dejarte mirar por Él. Y la respuesta de la fe es desconcertante: eres alguien por quien dio la vida, alguien a quien conoce por su nombre, alguien que le importa de verdad, no un número.
Pararte a considerar eso, aunque sean unos minutos, reordena bastante. Dejas de mirarte solo con tus ojos —tus fallos, tus etiquetas— y empiezas a mirarte con los suyos. Y desde ahí se vive distinto.
Idea clave
No solo importa quién es Dios para ti, sino quién eres tú para Él: alguien muy querido.
Tu reto para esta idea
Dedica hoy dos minutos a esta pregunta en silencio: «¿quién soy yo para Jesús?». Deja que te responda Él.