Dudar no es el problema; dejar de buscar sí puede serlo.
Un profesor, una serie o un amigo te plantea una pregunta que no sabes responder, y te quedas con la inquietud: ¿y si no es verdad? Lo fácil es apartar el tema o dejar que la duda se instale sin mirarla.
La duda puede incomodar, pero también ayudarte a profundizar. Una fe madura no tiene miedo a las preguntas honestas. Lo importante es no quedarse en una duda vaga y pasiva: busca, lee, pregunta, reza. La verdad merece más que una respuesta superficial.
Idea clave
La duda bien vivida puede fortalecer la fe.
Tu reto para esta idea
Elige una duda concreta sobre Dios. Busca hoy una respuesta seria.