Dudar no es el problema; dejar de buscar sí puede serlo.
La duda puede incomodar, pero también puede ayudarte a profundizar. Una fe madura no tiene miedo a las preguntas honestas.
Lo importante es no quedarse en una duda vaga y pasiva. Busca, lee, pregunta, reza. La verdad merece más que una respuesta superficial.
Creer no significa renunciar a las preguntas. Una fe madura estudia, escucha y distingue entre una duda honesta y una excusa para no mover nada de la propia vida.
Idea clave
La duda bien vivida puede fortalecer la fe.
Tu reto para esta idea
Elige una duda concreta sobre Dios. Busca hoy una respuesta seria.