Sí, pero confiar también cuesta.
Confiar en Dios no es una sensación automática de tranquilidad. Muchas veces implica entregar algo que te preocupa sin tener todas las garantías visibles.
La confianza es un acto libre. No niega la dificultad, pero decide apoyarse en Dios más que en el propio control.
Saber que eres hijo de Dios cambia la mirada: no estás solo ante tus tareas, tus límites ni tus decisiones. Puedes vivir con responsabilidad sin cargar como si todo dependiera únicamente de ti.
Idea clave
Confiar es un acto libre.
Tu reto para esta idea
Da hoy un paso de confianza: entrega a Dios algo que estás intentando controlar.