Sin silencio es difícil escuchar lo que pasa dentro.
El ruido constante tapa muchas cosas: cansancio, deseos, heridas, preguntas, llamadas interiores. Por eso el silencio puede incomodar al principio.
Pero el silencio no es vacío. Es espacio para mirar la verdad sin huir. También puede ser lugar de oración, de examen y de encuentro con Dios en lo sencillo.
El silencio no resuelve mágicamente tus problemas. Pero te devuelve una pausa para nombrar lo que vives, rezar con sinceridad y elegir mejor el siguiente paso.
Idea clave
El silencio deja espacio para la verdad.
Tu reto para esta idea
Dedica 10 minutos a estar en silencio. Sin móvil, sin música y sin llenar el hueco enseguida.