Ahí también crece la fe.
Hay días en los que rezar parece seco: no aparecen ideas, la atención se escapa y el corazón no responde. Eso puede desanimar, sobre todo si confundes la oración con sentir consuelo.
Pero una amistad no se mide solo por los momentos fáciles. Permanecer delante de Dios cuando no notas nada purifica el amor: empiezas a buscarle por quien es, no únicamente por la paz que esperas recibir.
No se trata de forzar emociones ni de fingir entusiasmo. Se trata de volver con sencillez, apoyarte en una lectura breve, mirar al sagrario si puedes y ofrecer incluso la distracción. Esa fidelidad silenciosa también es oración y puede ensanchar mucho tu corazón.
Idea clave
La fidelidad vale más que el sentimiento.
Tu reto para esta idea
Quédate hoy unos minutos en oración aunque no sientas nada especial.