Sentirlo de verdad incluye no querer repetirlo.
Se puede pedir perdón de boquilla: un «lo siento» por fuera y, por dentro, ninguna intención de cambiar. Eso no es arrepentimiento de verdad. Sentirlo en serio incluye algo más: querer no repetirlo, aunque luego cueste y a veces vuelvas a caer.
No significa prometer perfección. La flaqueza sigue ahí, y quizá mañana tropieces otra vez. Lo que hace verdadero el perdón no es la seguridad de no fallar, sino la voluntad sincera, apoyada en Dios, de poner los medios para evitarlo.
Por eso el propósito de cambiar no es un trámite: es lo que distingue arrepentirse de solo lamentarse. Pedir perdón queriendo cambiar abre una puerta; pedirlo sin más la deja igual.
Idea clave
Arrepentirse de verdad incluye querer no repetir el mal, no solo lamentarlo.
Tu reto para esta idea
Cuando pidas perdón hoy —a Dios o a alguien—, añade un propósito concreto y pequeño para no repetirlo.