¿No bastaría con creer por dentro? ¿A qué vienen tantos gestos y ceremonias?
A mucha gente le sobran los ritos: las velas, los colores, los gestos, las fórmulas. «Yo llevo la fe por dentro», se dice. Y algo de razón hay: sin corazón, el rito se queda en teatro. Pero descartarlos del todo olvida cómo somos.
No somos ángeles: somos cuerpo y alma. Necesitamos que lo importante entre también por los sentidos. Un abrazo dice más que un «te quiero» solo pensado; una vela, un silencio, un gesto compartido hacen presente por fuera lo que crees por dentro. Los ritos son para nosotros, no para Dios.
Por eso la fe se acompaña de signos: no para sustituir lo interior, sino para sostenerlo y expresarlo. Bien vividos, no distraen del fondo: lo hacen tocable.
Idea clave
Los ritos hacen visible por fuera la fe que llevas dentro; los necesitamos porque somos cuerpo y alma.
Tu reto para esta idea
En tu próximo gesto de fe (una vela, un silencio, una ceremonia), no lo hagas de memoria: pon el corazón en lo que significa.