Guardar un secreto también es un acto de justicia.
Enterarte de algo no te da derecho a contarlo. Hay cosas que se saben en confianza, por el trabajo o por cercanía, y que no son tuyas para difundir. Guardar un secreto no es ser cerrado ni esconder algo: muchas veces es justicia y respeto a la intimidad del otro.
Es distinto de murmurar. Aquí ni siquiera hace falta que lo que cuentas sea malo: basta con que no te toque a ti airearlo. La vida privada de las personas, sus heridas, lo que te confiaron, merecen discreción.
En un mundo donde todo se reenvía y se comenta, callar a tiempo es cuidar. Antes de contar algo de otro, vale preguntarse: ¿es asunto mío difundirlo?, ¿le hace bien a alguien saberlo?
Idea clave
Respetar la intimidad ajena y guardar lo que te confían también es justicia.
Tu reto para esta idea
Hoy calla algo que sabes de otro y que no te toca contar, aunque no sea nada malo.