La fe que nunca se mueve termina apagándose.
Una fe cómoda puede parecer tranquila, pero se va quedando sin fuerza. Si solo se queda en ideas, gustos o momentos privados, acaba separada de las personas que necesitan algo de ti.
Jesús no llamó a sus discípulos para que miraran la vida desde lejos. Los puso en camino, cerca de enfermos, pobres, pecadores, amigos difíciles y multitudes cansadas.
También hoy la fe pide moverse. A veces será servir en casa, acompañar a alguien, defender a quien no tiene voz o cumplir mejor una responsabilidad.
Idea clave
La fe madura cuando pasa del sentimiento a la entrega.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un servicio concreto que te saque un poco de tu comodidad.