El cristiano no medita hacia el vacío: habla con Alguien. Con Tres.
Mucha gente hoy cree en "algo": una fuerza, una energía, un universo que escucha. El cristianismo dice algo mucho más atrevido: ese "algo" tiene nombre, y puedes tratarlo. Al Padre le hablas como hijo; a Jesús, como al amigo que sabe lo que es ser hombre; al Espíritu Santo, como al maestro que llevas dentro.
No son tres dioses ni tres caras del mismo personaje: son tres Personas y un solo Dios. Por eso la oración cristiana nunca es una técnica de relajación: es trato con quien te conoce por tu nombre.
San Josemaría aconsejaba una devoción muy sencilla: "creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo; espero...; amo...". Dicha despacio, pone orden y cariño en el trato con Dios.
Idea clave
La oración cristiana no se dirige a una fuerza: se dirige a tres Personas que te conocen.
Tu reto para esta idea
Reza hoy despacio "creo, espero y amo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo", y dile algo distinto a cada uno.