Para volver a Dios no necesitas tener preparadas todas las explicaciones.
A muchos les frena para confesarse no saber qué decir, o el miedo a cómo se tomará Dios lo que han hecho. Así que preparan explicaciones, justificaciones, frases para no quedar tan mal. Y lo van retrasando.
Hace falta decir los pecados, claro. Pero el perdón empieza antes de que termines de hablar. Dios sale a tu encuentro en cuanto te pones en camino, como un padre que ve llegar a su hijo de lejos y no espera a que llame a la puerta.
No vas a un tribunal: vuelves a casa. Si no sabes cómo empezar, basta con decirlo. Lo demás se va ordenando por el camino.
Idea clave
Dios sale a tu encuentro en cuanto decides volver.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un breve examen de conciencia y decide qué día vas a confesarte.