Antes de existir, ya habías sido pensado y querido.
Es fácil vivir con la sospecha de que uno está aquí de rebote, por una cadena de casualidades. La fe dice algo muy distinto: fuiste elegido y querido por Dios antes incluso de que el mundo existiera.
Eso cambia de dónde cuelga tu vida. No eres un accidente que tiene que justificarse a base de logros. Tu raíz está escondida en un amor que va por delante de ti, que no depende de lo que rindas.
Cuando eso cala, cambia el peso que llevas encima. No estás demostrando que mereces existir: estás respondiendo a Alguien que ya te quería.
Idea clave
Tu origen último no es el azar, sino un amor que te quiso antes de nacer.
Tu reto para esta idea
Cuando hoy te sientas “de más” o de sobra, recuerda que estás aquí porque fuiste querido, no por casualidad.