Cuidar a quien te cuidó también es amor.
De pequeño te sostuvieron ellos. Con los años, a veces se cambian los papeles: llega su vejez, la enfermedad, la soledad. Y ahí el cariño se demuestra en cosas concretas, no en buenas palabras a distancia.
No hace falta poder con todo. Una llamada frecuente, una visita sin prisa, estar en los días de bajón. La soledad de un padre o una madre mayores se cura más con presencia que con regalos.
Cuesta, porque la vida va rápida y ellos ya no «piden». Precisamente por eso vale la pena decidirlo tú: reservarles un hueco antes de que la agenda se lo coma. El día que falten, no echarás de menos el tiempo que sí les diste.
Idea clave
A tus padres mayores les debes presencia, no solo recuerdos.
Tu reto para esta idea
Llama hoy a tu padre o a tu madre, o a alguien mayor de tu familia, sin prisa por colgar.