Quien te acercó a Dios merece tu gratitud, pero tu fe no se va con él.
Un acompañante, sacerdote, familiar o amigo puede iluminar una etapa decisiva. Cuando se marcha, falla o cambia de misión, sientes que también desaparece el camino espiritual que abría.
Dios actúa realmente mediante personas, pero no queda encerrado en ninguna. Una ayuda sana forma criterio, conduce a los sacramentos y favorece una relación con Él que puede continuar cuando cambia el mediador.
Esto no justifica ingratitud ni autosuficiencia. Necesitamos comunidad, consejo y nuevos apoyos. Evita, más bien, convertir una relación humana en dependencia religiosa. Puedes llorar su ausencia, conservar el bien recibido y buscar cómo seguir. La fuente era Dios; aquella persona fue un cauce valioso, no el dueño de tu llamada.
Idea clave
Dios se sirve de personas, pero tu fe es con Él y sigue cuando ellas faltan.
Tu reto para esta idea
Da hoy las gracias a quien te acercó a Dios y elige algo de lo que te enseñó para seguir cuidándolo tú.