Tu relación con María no empieza en lo bien que sabes quererla.
Un niño aprende a querer a su madre porque antes ha sido cuidado por ella. Con María pasa algo parecido: su cariño de madre va por delante de tus oraciones, de tus recuerdos y hasta de tus ganas de acercarte a ella.
Eso cambia el punto de partida. No tienes que fabricar un cariño perfecto ni demostrar que eres un buen hijo para poder hablarle. Aunque la relación se haya enfriado, puede recomenzar desde lo que ya has recibido: ella no se ha desentendido de ti.
Lo demás crecerá poco a poco. De momento puedes dejarte querer, contarle lo que te pasa y pedirle que te enseñe a tratar a Jesús con más confianza.
Idea clave
El amor materno de María precede y sostiene tu respuesta.
Tu reto para esta idea
Cuéntale hoy a María, con tus palabras, algo que normalmente solo guardarías para ti.