Detrás del mostrador o del teléfono hay alguien, no un servicio.
Pedimos un café, pagamos en la caja, llamamos para reclamar algo. Y a menudo tratamos a la persona del otro lado como si fuera una máquina: sin mirarla, sin saludar, con prisa o con malos modos si algo falla.
Esa persona lleva horas atendiendo a otros antes que a ti y probablemente no tiene la culpa de lo que te molesta. Un saludo mirando a la cara, un gracias de verdad o un poco de paciencia pueden cambiarle el turno.
Reclamar lo que es justo no está reñido con la educación. Se puede decir con firmeza que algo está mal sin humillar a quien te atiende. La manera en que tratas a quien no puede devolverte nada dice mucho de ti.
Idea clave
Tratar bien a quien te atiende es reconocer a una persona, no a un servicio.
Tu reto para esta idea
Hoy saluda y da las gracias mirando a los ojos a alguien que te atienda.