«¿Te gustaba hacer la comida, lavar la ropa, llevarnos al colegio?». «Gustarme, no mucho. Pero os quería».
Una hija preguntó a su madre, ya anciana, si le habían gustado las tareas de casa: cocinar, lavar, llevarles al colegio. La madre recordó el cansancio, los apuros de dinero, las noches de fiebre, algún plato estampado contra la pared en un momento de impaciencia. Y respondió: «Gustarme, no mucho. Pero os quería, y disfrutaba viéndoos crecer».
Detrás de cada día normal de nuestra infancia hay horas de trabajo que no vimos: comidas, lavadoras, madrugones, preocupaciones. Nuestros padres no lo hicieron porque les encantara, sino porque nos querían.
Crecer también es darse cuenta de eso. Y agradecerlo, aunque tus padres no fueran perfectos.
Idea clave
Mucho de lo que recibiste de tus padres lo hicieron sin ganas, pero con amor.
Tu reto para esta idea
Pregunta hoy a tu madre o a tu padre qué era lo que más les costaba cuando eras pequeño, y escúchalo.