Un mensaje también puede herir, levantar o dejar solo a alguien.
Lo que escribes no desaparece por ser rápido. Un comentario, una broma, un audio o una respuesta seca pueden quedarse dando vueltas en la cabeza de otra persona mucho después.
La comunicación nunca es del todo neutra. Puede encender una pelea o abrir un camino. Puede humillar o aliviar. Puede convertir al otro en rival o recordarle que sigue siendo alguien valioso.
Antes de enviar, merece la pena mirar el corazón. La caridad también pasa por el teclado.
Idea clave
Tus palabras digitales también tienen consecuencias reales.
Tu reto para esta idea
Antes de mandar un mensaje delicado, vuelve a leerlo y quita lo que humille o golpee de más.