A veces no ayudas porque lo que tienes te parece ridículo al lado del problema.
Ves una necesidad grande —un amigo hundido, una familia que no llega a fin de mes, una causa que necesita manos— y piensas que lo tuyo no servirá de nada: poco tiempo, poco dinero, poca preparación.
Así que no haces nada. Y el problema sigue igual, con una ayuda menos.
Dios no te pide lo que no tienes. Te pide lo que tienes, aunque te parezca poco: una hora, una llamada, lo que sabes hacer. Muchas cosas grandes empezaron con algo pequeño que alguien se atrevió a dar. El resto, déjalo en sus manos.
Idea clave
Dios no te pide lo que no tienes, sino que le des lo que tienes.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy algo pequeño que tengas —un rato, una habilidad, algo material— para una necesidad que te parece demasiado grande.