El gesto más repetido del cristiano es también el más olvidado.
"En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo." Lo haces al entrar en una iglesia, quizá antes de comer o al empezar el día... y casi siempre sin pensar. Y sin embargo en ese gesto cabe el credo entero: dices quién es Dios y te pones bajo su nombre, marcado con la cruz que te salvó.
Los primeros cristianos se santiguaban al empezar cualquier cosa: el trabajo, el camino, la comida. No era un amuleto: era recordar en dos segundos de quién eres y con quién vas.
Un gesto hecho con prisa se gasta y se vuelve tic. Hecho despacio, te recoloca: hay Alguien antes, durante y después de lo que vas a hacer.
Idea clave
Santiguarse bien es un credo en cuatro segundos.
Tu reto para esta idea
Hoy haz la señal de la cruz una sola vez, pero despacio y sabiendo lo que dices.