Puedes estar presente y aun así no ofrecer nada.
La Misa es el sacrificio de Cristo hecho presente. Por eso no se vive solo como quien mira una ceremonia desde fuera, sino uniéndose a Él: alabar, agradecer, pedir perdón y ofrecer la propia vida.
Cuando llevas tu trabajo, cansancio, alegrías y luchas al altar, la Misa deja de ser un paréntesis. Se convierte en el centro que recoge la semana.
Esto se entiende mejor mirando a Cristo y a la vida de la Iglesia. No es una idea suelta, sino parte de un camino: Dios se acerca, ofrece su ayuda y llama a responder con libertad, humildad y constancia.
Idea clave
La Misa se vive mejor cuando uno se une interiormente a la entrega de Cristo.
Tu reto para esta idea
En la próxima Misa, ofrece una dificultad concreta junto con Cristo.