Diez minutos de buen libro alimentan más que una hora de scroll.
San Josemaría aconsejaba dedicar unos minutos al día a la lectura espiritual: el Nuevo Testamento y algún libro que acerque a Dios. Y lo resumía con una promesa: "la lectura ha hecho muchos santos". No es estudiar ni entretenerse: es alimentarse.
Él mismo lo explicaba con una imagen buena: en la lectura se forma "el depósito de combustible". Parece un montón inerte, pero de ahí saca luego la memoria, sin avisar, lo que enciende tu oración y sostiene tus decisiones. Lo que lees cada día acaba pensándote.
Porque algo va a llenar ese depósito de todas formas. Si no lo eliges tú, lo llena el feed. La pregunta no es si tienes diez minutos —los tienes, míralo en el tiempo de pantalla—, sino a quién se los das.
Idea clave
Lo que lees cada día acaba decidiendo cómo piensas: elígelo tú.
Tu reto para esta idea
Elige un libro que te acerque a Dios y léelo diez minutos hoy, antes de abrir ninguna red.