La prudencia también protege lo sagrado.
Te llega por WhatsApp una revelación privada, una imagen que llora o una oración que «nunca falla», con la petición de reenviarla a diez personas. Parece piadoso, y reenviarla cuesta un segundo.
La Iglesia suele ir mucho más despacio. Ante un hecho que parece extraordinario, escucha testigos, estudia documentos y puede tardar años en pronunciarse. Esa lentitud puede parecer fría, pero intenta distinguir una gracia real de un error, un fraude o un entusiasmo precipitado.
No todo lo que no se explica es sobrenatural, y ser prudente no es tener poca fe. Antes de reenviar algo así, pregunta de dónde viene y qué ha dicho la Iglesia. Cuidar la verdad incluye no añadirle lo que no sabemos.
Idea clave
Discernir despacio evita que la credulidad se disfrace de fe.
Tu reto para esta idea
Revisa hoy una cadena o vídeo religioso antes de reenviarlo; si no tiene fuente fiable, detenlo.