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Relaciones

La guerra no vuelve normal el desprecio

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El caos puede explicar una conducta, pero no convierte en digno cualquier acto.

En una discusión de grupo o en redes, cuando la tensión sube, aparece la frase: «con esta gente no hay que tener miramientos». Y se permite lo que en otro momento nos parecería inaceptable: humillar, mentir, reírse de la desgracia del otro. Pasa en las guerras de verdad y pasa en las pequeñas: en el trabajo, en una discusión familiar, en un grupo de mensajes. Las crisis ofrecen siempre la misma excusa: «todos lo hacen», «son el enemigo», «ahora vale todo». Cuando desaparece el rostro del otro, el desprecio encuentra permiso para crecer. Conservar la humanidad en un conflicto pide tener los límites claros antes: no humillar, no destruir por odio y no celebrar la desgracia del adversario.

Idea clave

Ningún conflicto elimina la dignidad del otro ni vuelve bueno el desprecio.

Tu reto para esta idea

En una discusión de hoy, elimina una palabra que reduzca al otro a enemigo o caricatura.

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