Tener poco no te obliga a cerrar las manos.
Don Bosco vio ocho Hostias y cientos de jóvenes esperando la Comunión.
El relato habla de una multiplicación, pero también refleja una constante de su vida: no permitir que la escasez tuviera la última palabra ante una necesidad.
Cuando los recursos son pocos, puedes paralizarte porque no alcanzarás a todos. Esa limitación es real y pide organizarse, pero no convierte en inútil lo que sí puedes ofrecer.
Ocho siguen siendo más que cero. La generosidad comienza poniendo lo disponible al servicio del bien, sin prometer lo imposible. Después toca pedir ayuda, repartir con justicia y confiar en que otros también pueden sumarse.
Idea clave
La falta de recursos pide creatividad y colaboración, no cerrar de antemano la posibilidad de ayudar.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy una hora, un contacto o un recurso pequeño a una necesidad que te parecía demasiado grande.