Tener poco no te obliga a cerrar las manos.
Te piden ayuda para una recogida de alimentos y piensas que lo tuyo no cambiará nada. Un compañero necesita que le expliquen el temario y tú apenas tienes tiempo. Cuando tienes poco, es fácil paralizarte porque no llegarás a todos.
Ese límite es real, pero no vuelve inútil lo que sí puedes dar. Dos horas siguen siendo más que ninguna; una bolsa de comida, más que nada.
La generosidad empieza poniendo lo que tienes al servicio del bien, sin prometer lo imposible. Después toca organizarse, pedir ayuda, repartir con justicia y dejar que otros se sumen.
Idea clave
La falta de recursos pide creatividad y colaboración, no cerrar de antemano la posibilidad de ayudar.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy una hora, un contacto o un recurso pequeño a una necesidad que te parecía demasiado grande.