Tal vez cambie lo que puedes hacer, pero no para qué puedes vivir.
Cuando el cuerpo pone límites, es fácil pensar que la vocación también se ha acabado. Si ya no puedes trabajar como antes, salir o ayudar como solías, parece que tu vida se ha quedado en pausa.
Pero una llamada de Dios no depende de rendir como antes. Puede cambiar de forma: acompañar, ofrecer, escuchar, rezar o sostener a otros desde un lugar escondido. La beata Alexandrina da Costa y Marthe Robin pasaron gran parte de su vida en una cama, y su vida no se quedó sin fruto.
Hay temporadas así también sin una enfermedad grave: cuando cuidas a alguien, cuando te estás recuperando o cuando vives una soledad que no elegiste. No hace falta idealizar el dolor. Pero no tiene autoridad para declarar inútil una vida ni para quitarle su capacidad de amar.
Idea clave
Una limitación puede cambiar la forma de tu entrega sin quitarle sentido.
Tu reto para esta idea
Piensa en una limitación que tengas ahora y busca hoy una manera concreta de seguir queriendo a alguien desde ella: una llamada, una oración, un rato de escucha.