Lo distinto no siempre amenaza; a veces ensancha.
Cuando alguien viene de otra cultura, sensibilidad o historia, puedes verlo como complicación. Cambia códigos, costumbres, horarios, comidas, palabras y formas de entender la vida.
Pero la diferencia también puede enseñar. Te muestra que tu modo no es el único, que hay dones repartidos y que la realidad es más amplia que tu costumbre. La unidad cristiana no necesita uniformidad. Puede acoger diferencias y ordenarlas hacia el bien común.
Idea clave
Las diferencias pueden ser ocasión de encuentro y crecimiento mutuo.
Tu reto para esta idea
Pregunta hoy a alguien de otra realidad qué costumbre o valor aprecia de su historia.