No hace falta tenerlo claro para dar el primer paso hacia Dios.
Quizá no sabes bien qué crees. No vas a Misa, no rezas mucho, pero hay algo de la fe que te intriga: cómo vive alguien que conoces, una pregunta que no se te va, una iglesia en la que entras de vez en cuando.
Esa curiosidad ya es un comienzo. Dios no desprecia los primeros pasos pequeños ni exige grandes convicciones para empezar. Suele aprovechar la rendija que le dejas, por pequeña que sea.
Y cuando entra de verdad, acaba tocando lo más concreto de la vida: cómo tratas a los demás, qué haces con tu dinero, qué te importa. Pero todo puede empezar con algo tan sencillo como querer ver de cerca.
Idea clave
Dios aprovecha incluso la curiosidad para entrar en tu vida.
Tu reto para esta idea
Dale hoy una oportunidad a esa curiosidad: lee despacio un capítulo del Evangelio.